Hoy conmemoramos el nacimiento del Profeta Muhammad (las bendiciones y la paz sean sobre Él), el Profeta de la misericordia hacia toda la humanidad y hasta el día del juicio: (Nosotros no te hemos enviado sino como misericordia para todo el mundo 107:21). 

Recordamos hoy su piedad, su bondad, su misericordia hacia toda la gente, incluso los incrédulos: (Tú, quizás, te consumas de pena porque no creen 3:26). (Tú, quizás, te consumas de pena, si no creen en esta historia, por las huellas que dejan. 6: 18). Su piedad hacia los niños, por darles tiempo y jugar con ellos a pesar de la gran misión que tuvo sobre la tierra y del gran deber que significa transmitir el mensaje de Allah a toda la humanidad. Se narró que el compañero Abuhurairah –que Allah esté complacido con él- dijo: “Estábamos acostumbrados a rezar la oración del ishaa (la noche) con el mensajero de Allah y veíamos que cuando se postraba, sus nietos, Al Hassan y Al Hussein, se subían en su espalda y cuando levantaba su cabeza, les cogía amablemente con la mano y les colocaba. Cuando él volvía a postrarse, ellos volvían a subir en su espalda y cuando termina su oración les sentaba en sus muslos.” 

Otro aspecto de la piedad del Profeta es lo relacionado con el trato a la mujer. Él instó a los musulmanes a cuidar y velar por sus esposas mencionando su peculiaridad como ser sentimental o emocional: “Os encomiendo que tratéis bien a vuestras mujeres, pues la mujer fue creada de una costilla” “¡Vosotros! tenéis derechos sobre vuestras esposas y vuestras esposas tienen derecho sobre vosotros. Tratad a vuestra esposa con amor y gentileza. Es verdad la habéis tomado como un encargo de Dios y la habéis hecho legítima con la palabra de Dios. Sed siempre fieles al encargo que os confía y evitad los pecados”.  

Otro ejemplo es el de la esclavitud, que era algo común en la época del profeta. El Islam instó a la liberación de los esclavos y Muhammad dio el ejemplo de esto liberando a esclavos y alentando  sus seguidores a hacer lo mismo.  

El Profeta sufrió mucho para hacer llegar el mensaje de Allah y sacar a la gente de la oscuridad de sus creencias y actitudes a la luz del conocimiento de Allah. Aquí citamos el ejemplo de su viaje al Taif, cuando los incrédulos le insultaron y mandaron a sus pequeños a tirarle piedras hasta que llego a sangrar. Se le ofreció buscar venganza por parte del ángel Gabriel, destruyendolos entre las montañas que había alrededor. Pero él (las bendiciones y la paz sean sobre él) no quiso y rezó por ellos para que fueran guiados hacia la adoración de Allah. Un acto que fue famoso de perdón y de humildad fue su entrada triunfal a Makkah (tras su conquista) cuando ordenó a sus seguidores no dañar a nadie y perdonarles a todos.

Otro aspecto es lo relacionado con los animales: el Profeta de la Misericordia habló del perdón de Allah debido al trato de los humanos con los animales.  Les contó a sus compañeros la historia de un hombre que tuvo sed y en su camino encontró un pozo y sació su sed.  Cuando salió vio un perro jadeando, lamiendo el barro debido a su extremada sed.  Este hombre pensó: ‘El perro está tan sediento como yo’ el hombre volvió a bajar al pozo y llevó agua al perro.  Allah apreció su buen acto y lo perdonó.  Los compañeros preguntaron: ‘Oh Profeta de Allah, ¿somos recompensados por el buen trato que le damos a los animales?’ él dijo: ‘Si, hay una recompensa por (hacer el bien) a cualquier ser viviente’. En otra instancia dijo: ‘Si un ser humano mata a un pájaro u otro animal sin derecho, Allah le pedirá explicaciones en el Día del Juicio’.  Le preguntaron: ‘¿Cuál es ese derecho, Oh Mensajero de Allah?’ Él respondió: ‘Que lo mate para alimentarse, y no que corte su cabeza para luego tirarlo’.

En fin, no hay nada llegue a mostrar la piedad y la misericordia que llevaba su corazón mejor que la aleya donde dice el Corán: (Os ha venido un Enviado salido de vosotros. Le duele que sufráis, anhela vuestro bien. Con los creyentes es manso, misericordioso 128:9). Y con todo el universo compartía el mismo sentimiento de amor y compasión. Hasta el tronco de un árbol lloró cuando dejó de usarlo para dar sermones porque el número de musulmanes aumentó y era necesario usar un púlpito. Entonces, el Profeta tuvo misericordia de él y lo reconfortó con su mano. (Esa historia fue narrada por el compañero del profeta Abdullah Ibn Umar).

Echamos de menos al Profeta Muhammad y esperamos la cita que tenemos con él. ¡Al lado de su cuenca para que nos dé de beber! ¡una bebida que acaba con el sentimiento de sed para siempre! ¡Qué Allah le dé la gran recompensa por todo lo que hizo y sufrió por nosotros!. ¡Qué la paz y las bendiciones de Allah sean sobre él!