El arte y la belleza en el Islam

Enfocaremos el tema del arte islámico desde un punto de vista diferente al comúnmente tratado, que solo apunta hacia el aspecto superficial de las formas externas, sin interpretar el alma misma del arte islámico, el significado que subyace en cada una de las expresiones artísticas, y esto no es más que la idea de belleza que vive en el Islam como cultura.

Pero es esta una belleza no concebida de un modo relativo y cambiante, como actualmente se afirma. Hoy se ve a la belleza con un valor totalmente subjetivo, basándose en el argumento de que lo que es bello para un pueblo o una cultura, una época, e inclusive un individuo, puede no serlo para otras culturas, épocas e individuos. Cada uno pretende poseer una opinión diferente de lo que es la belleza, habiendo así tantas bellezas como individuos existen. Es realmente este un individualismo extremo que al querer derivar todo de la cortedad humana llega al punto de relativizar toda manifestación cultural, por consideraciones históricas, geográficas u otras.

Muy por el contrario, el Islam enaltece a la belleza y la concibe como un atributo divino. “Allahu yamil iuhibbul yamal” dice en árabe, es decir, “Dios es Bello y ama la belleza” como expresó el Profeta (BPDyC). La belleza divina se manifiesta en la creación perfecta de Dios, y nosotros la percibimos al observar por ejemplo una flor, un paisaje, el rostro de un niño y demás maravillas de esa arquitectura perfecta que es el universo. En todo esto no existen diferencias culturales, temporales, que limiten a la belleza en sí, la cual es universal. ¿Qué es lo que nos hace coincidir en la percepción de la belleza de lo creado?: Es que al percibirla nos trae reminiscencia de lo que nuestro ser verdadero, nuestra esencia primordial humana, llamada en árabe Fitrah, contempló anteriormente en el mundo inteligible. Es como recordar, como algo que “resuena”, por así decirlo, en nuestro espíritu. Esta es la verdadera belleza, en oposición a la “belleza” aparente, la que depende de nuestros deseos y costumbres, que son fluctuantes. Por lo tanto, la belleza así vista va a variar, al tiempo que varían las pasiones y apetencias humanas.

La verdadera belleza se dirige al espíritu o intelecto, que recociendo ese Atributo divino accede a la comprensión de principios a los que no se podría acceder sino sólo con la comprensión. La verdadera obra de arte resiste el paso de los siglos al tener un significado intelectual. En cambio la belleza formal apunta a lo pasional, seduce y conmueve, es como un sabor dulce al principio que no alimenta el espíritu y que tiene un efecto pasajero.

Por último, el ejemplo máximo de la belleza según el Islam es el Profeta (BPDyC), la más perfecta criatura. El Sagrado Corán se refiere a él diciendo: “Tenéis en el Profeta un bello y perfecto ejemplo, para quienes anhelan el encuentro con su Señor y recuerdan mucho a Dios.” Y dice: “Eres por cierto (Muhammad!) de una naturaleza extraordinaria.”