Entre las expresiones artísticas islámicas más puras está la caligrafía, que surgió sólo con el Islam y a su sombra, pues entre los árabes preislámicos, la escritura estaba poco difundida. Con el Islam ella se difunde y se incentiva el conocimiento y alfabetización de los musulmanes. La caligrafía alcanzó el grado de un arte-ciencia, en donde las letras deben guardar estrictas proporciones fijadas por la tradición desde antiguo, y que tienen como unidad de expresión al punto (en árabe nuqtah). Este punto es la unidad de medida de los rasgos de las letras, y se sustenta en la tradición que dice: «Todo el Corán está contenido en la Fátihah, y ésta en la basmalah (es decir en la expresión que dice: En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo, con la cual empieza el Sagrado Corán), y la basmallah está contenida en la Ba, y ésta en el punto que está debajo». El punto es a la figura lo que el uno es a los números, y simboliza a la Unidad Divina. Esto significa que toda la Revelación se resume en potencia en el punto originador, en el primer trazo del Sagrado Corán.

El calígrafo musulmán toma un versículo coránico o un dicho profético y compone una figura. La escribe en un círculo, o en la forma de una flor, o de un pájaro, etc., superponiendo a menudo las letras entre sí, cambiando y estilizando sus formas, por lo que resulta difícil desentrañar lo escrito. Esto se extrema en algunos arabescos, como los moldeados en estuco de las construcciones islámicas andalusíes, en donde la caligrafía está totalmente oculta en una maraña de zarcillos y flores. Es como si la palabra se ocultara a la mirada, para que quien observe trate de descubrir el significado con un esfuerzo de su espíritu. Esto sucede, aunque de otro modo, también con el Sagrado Corán, cuyos sentidos ocultos deben desvelarse a nuestra visión interior.

La caligrafía es en realidad un camino hacia el conocimiento de uno mismo. Los maestros calígrafos sólo llegan a ese grado luego de años de aprendizaje bajo la tutela de un Sheij, es decir un maestro, experimentado, que lo instruye en una profunda ciencia relativa a los significados de las letras, el origen de sus proporciones en los diferentes estilos, la educación espiritual o corrección (adab) en el tratamiento de los textos sagrados, etc.

El principal elemento del calígrafo es el cálamo, la lapicera, antiguamente de fabricación artesanal, a la cual el Corán le adjudica un valor que excede al de un mero elemento de escritura. Dice el Sagrado Corán: Dios Enseñó con el cálamo, enseñó al hombre lo que éste no sabía (96:4/5), vinculando de esta forma el cálamo con la Revelación, la Palabra divina y el Conocimiento. Los sabios del sentido profundo y oculto del Libro divino dicen que el cálamo representa al intelecto como primera criatura manifestada. A través de este el hombre comprende la Revelación y alcanza el conocimiento verdadero, por eso Dios enseña con el cálamo.