Todos buscamos la felicidad, la tranquilidad y el bienestar, queremos que desaparezcan las desgracias y que podamos gozar de todo aquello que hace de la vida un espacio de facilidad, bendición y serenidad. El rezo como segundo pilar del Islam puede satisfacer todos estos deseos.

El Islam prescribe cinco rezos diarios en los que la persona se pone, dignamente, ante su Señor para implorarle, expresarle su gratitud y ensalzar su Gloria y para pedirle que le guíe, colmándole de gracias y alejándole de Su ira. En estos instantes de humildad, la persona se pone ante su Señor anhelando Su ayuda y Su bendición; se pone ante Quien posee el Conocimiento absoluto para que le instruya, ante Aquél que posee el Poder absoluto para que le capacite para realizar aquello que no ha podido realizar.

En un hadiz qudsi, Allah, el Altísimo, afirma: «Dividí la oración entre Mí y Mi siervo en dos partes. Por eso, cuando el siervo dice: ‘La alabanza pertenece a Allah, Señor de los mundos’, Allah dice: ‘Mi siervo me ha alabado’. Cuando dice: ‘el Compasivo, el Misericordioso’, Allah dice: ‘Me ha elogiado mi siervo’. Cuando dice: ‘Dueño del día del Juicio’, dice Allah: ‘Me ha glorificado mi siervo’. Cuando dice: ‘A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda’, dice Allah: ‘Esto es entre Mí y Mi siervo, y él tendrá lo que me pide’. Y cuando dice: ‘Dirígenos por la vía recta, la vía de los que Tú has agraciado’, dice: ‘Esto es para Mi siervo, y Mi siervo tendrá lo que pide’».

En nuestro recorrido diario en la vida, nuestra alma se ve alterada y pierde algo de su transparencia, por lo que necesitamos momentos de descanso, de paz interna para recuperarnos y aliviar nuestra angustia, recargar nuestra energía y poner un poco de orden en nuestras vidas. El Compañero Abu Saíd relata que oyó al Profeta decir: «Las cinco oraciones expían los pecados cometidos entre ellas. Imagínate a un hombre que vive en una casa separada por cinco ríos de su lugar de trabajo, y que de vuelta a casa, tras una ardua jornada de trabajo, y con el cuerpo ya sudado y sucio, se lava en cada uno de esos ríos: ¿quedaría algún rastro de suciedad en él? Así también son las cinco oraciones. Cuando se arrepiente y pide perdón por un pecado cometido antes de ellas, se le perdona». El doctor Alexis Carrel, en su obra El hombre, ese desconocido afirma: «La oración es la más poderosa forma de energía que cabe generar. Es una fuerza tan real como la gravedad terrestre.. Como médico, he visto a hombres que, después del fracaso de todos los procedimientos curativos, han vencido la enfermedad y la melancolía por el sereno esfuerzo de la oración.. Es imposible que un hombre o una mujer recen un instante sin que haya algún buen resultado».

La oración es una sublimidad que eleva al ser humano hacia el cielo cada vez que se pega a las cosas terrestres, y le devuelve hacia Su Señor cada vez que se desvía de la finalidad última de su existencia!